Tim Burton. presenta: “La novia cadáver” (5 pm) y “El gran pez” (7 pm). MALI. Paseo Colón 125, Lima. S/.6 y S/.4.
Danza
Benedictas. Instalación-performance de Karin Elmore, con Germana Civera y Karin Elmore. C.C. de España. 6 y 8 pm. Libre.
Bochorno. Dir.: Mirella Carbone. Alianza Francesa. Av. Arequipa 4595, Miraflores. 8 pm. S/.35 y S/.25.
Teatro
En la otra habitación (o la obra del vibrador). Dir. David Carrillo. Teatro Larco. Av. Larco 1036, Miraflores. 8 pm. Boletería.
Momo. De Michael Ende. Dir.: Jorge Villanueva. Teatro La Plaza ISIL. Larcomar, Miraflores. 4 pm. S/.30 y S/.15.
El matrimonio de Uli. Dir.: Vanessa Vizcarra. C.C. El Olivar. Calle La República 455, El Olivar, San Isidro. 8 pm. S/.30 y S/.15.
Achikée. Dir.: Ismael Contreras. Centro Cultural Cafae. Av. Arequipa 2985, San Isidro. 5 pm. S/.20, S/.15 y S/.6.
Folclore
Appu, Rurarccaya. Sikuris. En el aniversario del IEP. El Americano de San Juan de Lurigancho. Local regional Mollepata de Zárate. Av. Las Lomas 610. 12 m.
Taller
Talleres para niños. “Conociendo nuestras aves”. Org. Departamento de Ornitología de U. San Marcos. Parque Kennedy de Miraflores. 9:40 am a 3 pm. Libre.
La mayoría de las actividades programadas para la XXXVIII Semana Cultural del Japón ya terminaron, pero hay dos que permanecen en cartelera:
1) La exposición colectiva de escultura “Progresiones”, que se inauguró el pasado 2 de Noviembre bajo la curaduría de Manuel Munive Maco. La muestra reúne obra de Michiko Aoki, Tammy Chión Fujishima, César Gusukuma, Lorena Hamaguchi, Carlos Runcie Tanaka, Ango Shimura y Marcelo Wong Galla. La muestra, organizada por la Asociación Peruano Japonesa del Perú, con el auspicio de la Cooperativa de Ahorro y Crédito Pacífico, permanece en la Galería Ryoichi Jinnai del Centro Cultural Peruano Japonés hasta el día 11 de Diciembre.
2) La Muestra de Cine Japonés, este año dedicada a Akira Kurosawa, conmemorando el centenario del nacimiento del gran cineasta: todos los jueves de Noviembre, a las 7:30pm, se proyectarán cintas de Kurosawa en el Auditorio Dai Hall del Peruano Japonés. Para este Jueves 18 de noviembre tendremos Kagemusha, la sombra del guerrero (1980), y para el Jueves 25 de noviembre la dramática historia de Rapsodia en agosto (Año:1991). Las cintas serán exhibidas en formato DVD/proyector multimedia, con subtítulos en castellano. Ingreso libre, con capacidad limitada
Pasé por la Feria del Libro. No tenía mi cámara a la mano, pero puedo decirles que este año está bastante bien puestecita, aunque me pareció algo más chica que años anteriores. Me parece genial que haya vuelto al Parque de Miraflores, y como de costumbre hay títulos, temas y precios para todo gusto y presupuesto, aunque obviamente el protagonista este año es Mario Vargas Llosa, el premio Nobel Peruano. La Feria estará abierta hasta el próximo lunes 1 de noviembre: el ingreso es libre y el horario del fin de semana será de 11 a.m. a 9 p.m.
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Estuve también en la Noche de Artede la US Embassy Association. Al igual que la Feria del Libro, este año la encontré algo más pequeña, comparada con la sede anterior (el Pérez Araníbar); pero el nivel de las obras ofertadas se mantiene como siempre. Con más de 40 años de vida, esta es considerada la exhibición-venta de arte más importante del país abierta a todo el público, reúne a más de 400 artistas (jóvenes y consagrados) y presenta cada año un promedio de 500 obras. Personalmente, me encantó la enorme escultura de Haroldo Higa. Hay que apoyar las causas benéficas, sobre todo aquellas relacionadas con los niños, y qué mejor si es con arte de por medio, de modo que felicitaciones a los organizadores. ¡Nos vemos el próximo año!
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Llevé a mi hija a ver “Ga’Hoole: La Leyenda de los Guardianes”. A pesar de los consabidos lugares comunes que suelen tener estas películas centradas en el manido argumento de la lucha entre el bien y el mal, la película me gustó. Y es que no sólo ya cansa un poco el típico recurso de Pixar de hacer referencias a gags de otras películas o a canciones populares, sino que además “La Leyenda de los Guardianes” es, en el fondo, una historia de crecimiento personal, de superar los propios temores y descubrir el potencial dentro de uno. Y por supuesto, en HAY que verla en 3D, porque los espectaculares efectos especiales son casi fuera de serie. Y sí, el soundtrack, a cargo del compositor australiano David Hirshfelder, está excelente: lo disfruté mucho. Si tienen hijos, llévenlos, si no tienen, igual vayan, que pasarán un buen rato.
Hay que quitarse las anteojeras y mirar a nuestro alrededor sin telescopios ni microscopios: simplemente ver lo que tenemos al lado, que muchas veces por sernos tan cotidiano ya casi no lo vemos.
Pero, cuando llegan otros ojos, con otros puntos de vista y otras perspectivas, ellos sí que ven aquellas cosas que nos hemos olvidado de mirar.
Uno de estos si se quiere “visionarios” es Mitchell Teplitsky, director del documental “Soy Andina“, que lleva ya alrededor de tres años siendo proyectado a diferentes audiencias alrededor de mundo, suscitando en todas ellas reacciones entusiastas y positivas.
¿Qué hace que un filme como “Soy Andina” de una temática aparentemente tan local, sea tan bien recibido en casi todas partes?
Además del obvio atractivo de la danza y el folklore, una posible explicación es que las historias de Nélida y Cynthia, las protagonistas de esta cinta, ambas con raíces peruanas, son también la historia de muchos inmigrantes alrededor del mundo: adaptarse a la cultura que los acoge y conservar las propias matrices culturales es un proceso complejo.
Y es que la inmigración es actualmente un grande y compleja problemática alrededor de todo el globo. Según el blogger peruano Carlos Quiroz, esta película “muestra de una forma positiva y realista la necesidad de identificación cultural que tenemos los inmigrantes y los hijos de inmigrantes, y cómo la diversidad cultural y racial de nosotros los peruanos se expresa en nuestras comunidades en EEUU, a pesar de la distancia que nos separa de nuestro país de origen.”
Igualmente lo expresa el embajador del Peru en la ONU, Oswaldo de Rivero, quien opina que este film toca “el milagro de la integración intercultural en una era globalizada.”
Pero, ¿cómo se involucró Mitchell en este filme? Él mismo nos cuenta: “Hace 20 años conoci a una bailarina que acababa de emigrar, Nélida Silva, nos hicimos muy amigos. Muchos años después, ella me confió que tenía este sueño de regresar al Perú y ser la madrina de la fiesta patronal de su pueblo, Llamellín (en Ancash). Y decidí que yo quería contar la historia de este retorno de Nélida, no sólo porque estoy particularmente interesado en historias de viajes y culturas, sino además porque nunca he visto filmes documentales sobre el Perú que no tengan que ver con el terrorismo o con viajes comerciales, es decir, turismo. Y la historia de Nélida me parece muy interesante.”
Pero Mitchell, quien actualmente está casado con una peruana, ya encontró en el Perú nuevas historias relacionadas con este mismo tema, y se encuentra actualmente preparando un documental sobre la Danza de las Tijeras. Mitchell conoció en Lima a Naomi Sasaki, una japonesa que vino al Perú porque practica esta danza, y entonces él se interesó conocer cómo ella se fue involucrando en este mundo.
Participantes del filme sobre la Danza de las Tijeras, junto con la danzante Naomi Sasaki
“Luego de eso, conocí a Gaby Yepes, quien ya ha hecho un hermoso corto llamado Danza y decidimos elaborar una propuesta en conjunto para poder solicitar financiamiento para poder rodar este documental. Vamos a contar la historia de Naomi, pero en realidad planeamos enfocarnos en la historia de un grupo de jóvenes danzantes en Lima, la nueva generación, descendientes de familias inmigrantes de Ayacucho: ellos tienen el reto de mantener las tradiciones a pesar de vivir en una gran ciudad,” adelanta Mitchell.
Hace algunas semanas compré, entre otras películas, la edición especial por el aniversario n° 40 de “Mary Poppins”. Aunque siempre he admirado a Julie Andrews como cantante, compré la película más pensando en que mi mamá (una ex “bailaora” de flamenco) es fanática de los viejos musicales hollywoodenses; no pensé que a mi hija le pudiera agradar una historia que se desarrolla en una época y lugar muy distintos (Londres, 1910) y con efectos visuales que actualmente lucen ya anticuados. Pero sobre todo, mis propios y difusos recuerdos de este antiguo filme databan de mi muy tierna infancia, y habían sido malamente sustituidos hasta el hartazgo por la fresísima secuencia del tap de los pingüinos, que la TV local todavía nos endilga como promoción.
De modo que enorme fue mi sorpresa cuando ví a abuela y nieta enganchadísimas –muy especialmente la nieta– con la película. Y me sorprendí aún más cuando noté que nunca había visto a mi hija tan atenta a una película. Ninguna de las modernas producciones de Disney/Pixar habían conseguido “pegarla al asiento” de esa manera y por tanto rato. Así que me senté yo también a verla, a tratar de dilucidar lo que estaba pasando. Es verdad que La Enana está acostumbrada al formato de los musicales de tanto ver a los Backyardigans, pero un musical con actores era nuevo para ella.
Mientras mi hija se reía, mi mamá se divertía con las secuencias de danza, y yo admiraba una vez más la voz de soprano de coloratura de la joven Julie Andrews. “Mary Poppins” nos presenta muy buenas canciones, con música pegadiza, que se han convertido en clásicos de la cultura popular como “Chim, Chim Cher-ee” o “Supercalifragilisticexpialidocious“: pero creo que lo que más atrae al espectador infantil es la historia en sí, repleta de magia.
Efectivamente: basada en la serie de libros de P.L. Travers,”Mary Poppins” nos presenta la historia de una niñera con poderes mágicos, los que utiliza para arreglar situaciones y alegrar la vida de los niños con quienes trabaja. Y esta premisa es la que resulta ser tan efectiva para mantener enganchados tanto a los niños reales como al niño nostálgico que habita dentro de cada adulto. El atractivo de la magia no tiene fecha de caducidad (y si no me creen, pregúntenle a J. K. Rowling). ¿Quién no quisiera disponer del poder de la magia para resolver los enredos y presiones de la vida cotidiana? Pero este tema y sus implicancias ya son materia de otro post.
La película tiene muy pocos diálogos; apenas lo necesario para mantener el hilo de la narración musical, lo cual se explica considerando que, al menos según se afirma en el material adicional del DVD, el viejo Walt Disney encargó hacer primero las canciones y después el guión. Y el resultado de esto es una narración audiovisual que transcurre más o menos del mismo modo que los sueños. Y a pesar de esto, o quizás más bien, por esto mismo, el argumento de Mary Poppins sigue funcionando tan bien a más de 40 años del estreno oficial.
Y cuando digo que sigue funcionando tan bien no me refiero únicamente a que a mi Enana le haya encantado. Movida por la curiosidad me puse a buscar un poco en Google, y descubrí que no sólo se le considera ya “el clásico” por antonomasia de las producciones antiguas de Disney, sino que además este musical ya está en Broadway (desde 2006) con dos funciones diarias, y con un gran éxito de taquilla hasta el momento. La novedad es que en esta versión teatral, la autora original, P.L. Travers, se pudo sacar (a sus 90 y pico años) el clavo que le dejó el viejo Disney: exigió al productor –Cameron MacIntosh– como condición para la puesta en Broadway que todo el elenco fuese británico y que se hiciera una nueva adaptación del libreto (agregar nuevas canciones y nuevas situaciones), a cargo de escritores también exclusivamente británicos. Y muy específicamente que no se convocara a nadie relacionado con la película o con el imperio Disney. (Lo único que no se pudo fue dejar de lado los derechos de Disney sobre la explotación de la historia, de modo que la corporación es co-productora y el show se encuentra listado en la webpage oficial de “Disney on Broadway“).
Y es que no fue secreto para nadie que ella detestaba lo que había hecho Disney con sus historias. Según ella, habían almibarado y desfigurado al personaje principal. Yo no he tenido acceso a los libros originales, pero teniendo en cuenta que el astuto y millonario Walt siempre dijo que lo que más le interesaba era masificar el consumo de los dibujos animados, pues me figuro que las quejas de Travers deben tener fundamento.
Y claro que, mirando la cinta con ojo crítico, Dick van Dyke habrá sido un excelente cómico y bailarín, pero ¿encarnar a un callejerito londinense, con ese terrible acento tan nasalmente norteamericano? No way. ¿Y a santo de qué tenían que meter a esos insufribles pingüinos fresas? Para el ojo adulto, y especialmente cuarenta años después, la película tiene varias otras notorias fallas. Pero lo que la salva es, literalmente, la magia de esta atípica nanny inglesa, que bien podría haber sido la bisabuela de Harry Potter, y claro, el enorme poder de unas canciones bien hechas. La magia-magia y la magia de la música alcanzan para empaquetar todo el resto y convertirlo en un producto atractivo.
Pero tampoco hay que ser mezquinos, pues con cuestionamientos y todo, tanto Dick van Dyke como Julie Andrews son artistas fogueados en la vieja escuela del vodevil; es decir, que actúan, cantan y bailan ellos mismos. Verdaderos showman y showwoman entrenados en más de una habilidad. No me imagino a ninguna juvenil actricilla norteamericana de las actuales –salvo quizás Emmy Rossum, que canta muy bien pero es muy flaca y tampoco sabe bailar– encarnando a Mary Poppins en un posible remake: dicen por allí que Steven Spielberg ha amenazado con producir uno. Esperemos que le hagan caso a P. T. Travers… y que no lo hagan.
Y los dejo con mi selección de la película: la canción en en la que se luce la perfecta afinación, impecable fraseo y hermoso timbre de voz de la juvenil Julie Andrews, “A spoonful of sugar”. Después de todo, con el estrés con el que vivimos todos actualmente, ¿a quién no le caería bien “just a spoonful of sugar”?